sábado, septiembre 04, 2004 :::
Fuente: Diario Sur
Fecha:27-8-04
Autor: Francisco Cano
El jardín de las cabezaditas
Turistas sin rumbo fijo, parejas, trabajadores... A la hora de la siesta, el parque de Málaga se convierte en un lugar privilegiado para caer en brazos de Morfeo
Málaga
Siempre escoge el mismo lugar. Antonio Sánchez, un trabajador de la construcción de la zona este, acude diariamente después de comer al parque de Málaga para su obligada sesión de siesta en una de las zonas de césped que allí existen. «Es de los pocos sitios donde me puedo relajar un rato», afirma. Además, su tranquilidad y frescura le hacen desconectar de la agotadora jornada laboral. «El fresquito que dan los árboles es gratificante, y además gratis. No hay otro lugar así», añade este trabajador.
Antonio se decanta por la opción más confortable que, sin duda, es tumbarse en la bien cuidada hierba. Al igual que él, los turistas son también asiduos a este espacio. Así, los que visitan la ciudad optan igualmente por esta modalidad de relajación al natural. «Hemos andado durante toda la mañana por el Centro, y al pasar por aquí hemos visto a la gente tumbada y hemos hecho lo mismo», comenta Frank Legen junto a su novia, veraneantes en la Costa del Sol. Aseguran sentirse sorprendidos por esta estampa tan típica. «Esto sólo ocurre en España», apostilla el extranjero. Como ellos, decenas de personas hallan en este céntrico jardín de la capital un buen lugar donde descansar durante las horas centrales del día.
Punto de encuentro
El lugar también es frecuentado por grupos de jóvenes, que se concentran en alguna de las muchas plazoletas del recinto para charlar o tocar la guitarra, aprovechando la época estival. María Jesús Suárez, de 21 años, explica las razones por las que tanto su pandilla como ella eligen este sitio. «Cuando podemos venimos mis amigos y yo por las tardes para conversar y desconectar un poco. Aquí ni molestamos ni nos incordia nadie», asegura la joven. Otros, por contra, se deciden por utilizar el parque de una forma más relajada. Optan por disfrutar de la tarde en un ambiente sosegado. Así, es fácil ver por algún recóndito lugar a gente sentada leyendo algún libro, revista o periódico a la sombra de los árboles, o a niños jugando a la pelota sobre el césped.
Sin embargo, también hay ciudadanos que no se cortan ni un pelo a la hora de echar una cabezada en los bancos ante la incrédula mirada de los ciudadanos. Una actitud que genera algunas protestas. Uno de los que se quejan es Andrés Millán, de 62 años, que baja a diario desde el barrio de la Victoria hasta el parque dando un paseo junto con su grupo de amigos. Tras el largo paseo, su idea al llegar es sentarse con sus amigos a descansar un rato, y seguir dialogando. Pero, a veces, no puede hacerlo. «Después de la caminata que hacemos, lo que queremos es sentarnos en algún banco, pero a menudo están ocupados. Tenemos que andar hasta encontrar otro, pero no es nada fácil», señala este hombre.
Pese a todo, parece que la tendencia va cambiando poco a poco y los bancos, con algo de suerte, no tienen dueño o queda algún sitio libre para compartir descanso con el desconocido de al lado.
Paqui Navas, una turista que anualmente procura pasar unos días de descanso en la ciudad, alaba las características de este parque por la diversidad de opciones que ofrece. «Me parece estupendo que haya espacios naturales dentro de las ciudades donde se pueda descansar. Es magnífico tener en pleno Centro de la ciudad zonas así y poder disfrutarlas», indica la mujer. Y es que el parque resulta un lugar perfecto para desarrollar numerosas actividades al aire libre.
::: Noticia generada a las 4:31 PM