jueves, enero 02, 2003 :::
Historia de un superviviente
El Carmen ha logrado llegar a nuestros días tras la expansión de la ciudad que le mutiló el pasado siglo
Fuente: La Rioja.com
Fecha: 24-11-02
Autor: Eduardo Gómez
Logroño
El Parque El Carmen se va a remodelar. Una vez más. No hace tanto tiempo que era privado, propiedad de la familia Fernández, un precioso espacio anexo al gran chalé que existía en el extremo este, lindando con la carretera de Villamediana, como se le llamaba entonces a la actual calle, del mismo nombre, que inicialmente nacía en Vara de Rey y ahora en la confluencia con Belchite
Resultaba curioso que un espacio paradisiaco formase parte de una finca en una de cuyas partes se encontraba una fábrica que no era precisamente de perfumes, pues se trataba de la famosa e importante fábrica de zapatillas Fernández Hermanos que daba trabajo a cientos de trabajadores, especialmente mujeres y que utilizaba toneladas diarias de materias como paño y caucho.
Era, junto a la Tabacalera, la gran industria local. Atrajo a gran cantidad de gente para trabajar en la empresa, especialmente de la zona de Munilla. Las instalaciones fabriles ocupaban también lo que es hoy la calle Belchite. Cerraban la calle con una gran puerta metálica y en su espacio se almacenaba gran cantidad de mercancía. La fábrica ocupaba grandes naves a un lado y a otro de la calle. Cuando se trasladó a la carretera de El Cortijo la calle quedó expedita, se le dio comunicación con Pío XII y se construyeron los grandes bloques de viviendas ahora existentes, unos junto al parque y otros enfrente. También se elevaron los edificios que dan al parque en el éste del mismo, con soportales. Fueron bastantes metros de parque los que se sacrificaron para conseguir esas viviendas. Fue una concesión o privilegio municipal a cambio de poder contar con un parque público sin desembolso.
El edificio Capitol
La transformación de la zona permitió revitalizar una zona que estaba bastante obsoleta. Enfrente del parque, ante su cara norte estaba la vía del ferrocarril (hoy Jorge Vigón) y tan solo existía el chalé y los talleres de Isidro Jover cuyas traseras daban a la vía férrea. La casa era muy bonita, con jardines a la entrada, que daban acceso al pabellón industrial, donde fabricaban hornos y maquinaria para panaderías. El espacio que ocupaba dejó paso a la enorme torre ahora existente, que nadie sabe por qué se le llama Capitol, cuando hubiera sido más propio haberlo bautizado como edificio Jover, en honor de un gran empresario y de una entrañable familia. La parte éste de la gran finca daba a lo que es Doce Ligero, que le llamaban el camino de Cascajos, que era una carretera jalonada por enormes árboles, de los que quedan algunos en el inicio de ese tramo, donde había varias fincas, una de las cuales, la que daba a la carretera de Villamediana, con unos magníficos cerezos. Nos consta. En otra finca existía un garaje de aviación, vigilado por soldados y colindante con ella, en otro gran pabellón, estaban los talleres Tauler, donde fabricaban prensas excéntricas, que fue adquirido por la firma Arisa, que pronto se convirtió en una de las mejores de España. Su expansión le obligó a mudarse.
En relación con el lado oeste, que era el ocupado por la fábrica de zapatillas y luego de colchones de latex, tenía la vecindad de la calle Galicia, que no tenía la salida que tiene ahora a Vara de Rey, pues estaba cerrada por una carbonería. Era una calle bien distinta a la peatonalizada actual, que tenía uno de los laterales cubierto por sucesivos pabellones ocupados por pequeñas industrias, algunas de las cuales daban hasta la carretera de Villamediana, una de las cuales era propiedad de Ángel Cenzano.
El gato ladrón de chorizo
Se cuenta que el propietario guardaba chorizos en un espacio cerrado bajo llave, pero que tenía gatera y uno de los aprendices amaestró a un gato al que introducía por el agujero y cuando salía con una rastra de chorizo entre los dientes se lo arrebataba para él. En uno de esos pabellones se inició lo que es hoy Emar, una gran fábrica de butacas para autobuses. Allí estuvieron los talleres de Víctor Almazán, los de Láinez, que hacía poleas de madera y perchas, los de Julián San Vicente, que fue pionero en construir máquinas elevadoras, que agradecieron muchísimo los albañiles pues les libró de subir la masa en calderetas y los ladrillos tirando de maroma a brazo partido. En un extremo estuvo la desaparecida fábrica de pastillas de café con leche El Logroñés y también se recuerda la fábrica de crema para el calzado de la que era propietario Venancio Alonso, vinculado a Radio Rioja, en cuya emisora estuvo de locutora su hija Alicia, que estuvo casada con Lakatos, un futbolista del Logroñés, que luego fue árbitro, llegado desde Hungría.
La parte de la calle que ahora ocupa el colegio de las madres Agustinas fue la gran fábrica de Martínez y Ruanes, donde se hacían toda clase de muebles, entre los cuales se fabricaban reclinatorios.
::: Noticia generada a las 9:57 PM